¡Oh, Mensajero! No te entristezcas por quienes se precipitan a la incredulidad. Son de los que dicen «creemos» con sus bocas pero que no creen con sus corazones. Ni por los judíos que prestan oídos a la mentira y espían para otras gentes que no han venido a ti. Sacan las palabras (de la Sagrada Escritura) de su contexto. Dicen: «Si emiten este juicio, aceptadlo y si no rechazadlo.» No podrás interceder ante Dios a favor de quien Dios quiera castigar. Esos son aquéllos a los que Dios no quiere purificar sus corazones. Sufrirán la humillación en esta vida y en la otra un castigo inmenso. Al-Māʾida 5:41 ⧉
Tafsir:
Mensajero, no te dejes abatir por los hipócritas que se empeñan en su incredulidad con el fin de provocarte, aparentando que son creyentes y ocultando su incredulidad. No te dejes abatir tampoco por aquellos judíos que escuchan las mentiras de sus eruditos y las aceptan, imitando a sus jefes, quienes no te honraron porque rechazan tu carácter de profeta, además de modificar las palabras de Al-lah en la Torá según lo que dictan sus pasiones. Dicen a sus discípulos: “Si las palabras de Mujámmad r son compatibles con sus deseos, síganlo, pero si se oponen a ellos, rechácenlo”. Para aquel que Al-lah quiso extraviar no encontrarás, Mensajero, ningún aliado capaz de sacarlo del extravío y guiarlo hacia el camino de la verdad. Los judíos y los hipócritas que poseen estas características son aquellos cuyos corazones Al-lah no ha querido purificar. Merecerán la ignominia y el deshonor en este mundo y en el Más Allá sufrirán un castigo terrible: el suplicio del Fuego.